Ámsterdam, croquetas de vending y una novia inglesa | El airhopping de Prateek

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Cuando un amigo te propone que os vayáis de viaje por todo el norte de Europa, saliendo esa misma semana, haciendo un airhopping, claro que dices SÍ.

Así que aquí estamos, en Ámsterdam, en nuestro airhopping, habiendo aterrizado por la mañana, sin dormir. La ciudad está llena de decoraciones porque – nos informan – es el día del Gay Pride Parade. Hay un poco de lluvia. Paramos en un hostal.

airhopper-patreek-gayEl hostal en Ámsterdam es una de las grandes curiosidades de este viaje. Decir que está lleno de personajes interesantes sería una atenuación. Hay una señora que duerme 16 horas al día, sale por la noche y vuelve con cicatrices en sus piernas cada vez. Hay un tío que juega al Call of Duty durante horas, aunque supuestamente está de vacaciones. Hay una chica que se viste como un socio de Suicide Squad. Con ellos y 7 personas más (igual de peculiares) compartimos una única habitación, llena de olor a marihuana. Ningún problema, esto es Ámsterdam, no Disneyland.

No paramos más tiempo allí y vamos a por la fiesta en la ciudad. En vez de tener las carrozas en la calle, lo hacen dentro de los canales, en los barcos. Si nadie te pilla, puedes subir discretamente en uno de ellos para unirte a la fiesta. La gente baila casi desnuda, tiran champán, y ponen la canción YMCA en todos lados.

Las fiestas siguen hasta la noche. Y nosotros con ellas. Y así fue nuestro primer día de vacaciones.

El próximo día, para hacer las cosas tranquilas, fuimos a dar una vuelta a un parque. Vondelpark precisamente. Es precioso.

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Pensé en los años que tendría este árbol.

Empezamos a tener hambre. En Holanda son famosos los fritos con salsa de barbacoa (o lo que quieras). Pero además de eso – os juro – que venden croquetas en maquinas de vending. Y hamburguesas también. Con ese fácil acceso a comida basura a tan poco precio, es increíble que los holandeses tiengan cuerpos de supermodelos y culturistas.

Una manera de conocer a otros viajeros o gente de la ciudad es abrir MeetUp o Couchsurfing en tu móvil y ver que está haciendo la gente en la ciudad. ¿Ámsterdam Barbecue Festival? Nos apuntamos.

Lo increíble de esta barbacoa era que había cerveza casi al mismo precio que la carne. Pagas 3 o 4 euros para una pinta, pero 5 o 6 para costillas o una hamburguesa grande. Conocimos a otros extranjeros que vivían en la ciudad. Nos quejamos porque tenemos aún más días pero ya lo hemos visto casi todo.

Se enfadan. “¡NO HAS VISTO NADA!”, nos dijo un caballero que vino de China. Y nos explicó que Ámsterdam, aunque parece pequeño, tiene más cosas para conocer de las que se pueda en una vida sola. Parece mentira, pero resulta que nos hemos perdido una obra de Picasso escondida en Vondelpark, una tienda de herbalistas que tiene 400 años de antiguedad, una cárcel bajo un puente (sí, lo leíste bien), el templo budista… Y más, mucho más.

Mi amigo quería regresar a dormir después de la barbacoa, pero yo estaba con ganas de aventura después de esta lección de nuestro amigo de China. Así que decidí dar una vuelta al Red Light District.

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Empecé en un bar con una terraza grande. Hablé con  TODA la gente que tenía pinta de turista. Saludé a un brasileño con barba de maestro de kung fu, y también a su amigo australiano -un surfer que se parece a Chris Hemsworth-. Le conté que vivo en España, y él me hizo preguntas sobre por qué estaba por allí. También hablé con una pareja americana sobre los sex shows en Ámsterdam, y me explicaron cómo te invitan incluso a participar en el escenario.

Dos inglesas se fijaron en que yo había conseguido la atención de mucha gente. Una de ellas viene a por mi y me dice, “Hola, me gustas tú“. (Las inglesas simplemente me parecen un misterio, eligiendo a un hombre como su próximo víctima, por cualquier razón que tengan.) Así que, cuando salimos todos del bar, yo iba con mi novia provisional de esta noche.

Después entramos en la zona profunda de Red Light. Y es un mundo de magia, fascinante, con curiosidades que nunca he visto en mi vida. Una calle muy estrecha pero larga, con ventanas a cada lado. Detrás de cada una de las ventanas, una habitación baja de luz roja. Y todo iluminando a chicas, altas y bajas, gordas y delgadas, de todas las raíces del mundo, con todo tipo de vestuario. Incluso las chicas en nuestro grupo se quedaron alucinando.

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En  un segundo bar -donde hay mesas para bailar pero solo dejan a las chicas subir- conozco a un grupo de suecos que hablan castellano perfectamente. No sólo eso, también saben cambiar entre castellano de España y castellano de México y de Argentina. Parece que todo el mundo puede hablar castellano.

La inglesa que se ha hecho mi novia provisional esta noche me dice que sigue una trayectoria de viaje parecida a la mía y me quiere ver después en las ciudades que vienen. Me parece fenomenal. Pero mientras tanto, veo que ya está coqueteando con otros chicos.  Te conocen, te dicen que te quieren mucho, dentro de 5 minutos que quieren que seas su hombre definitivo, que quiere seguir en contacto… Y al día siguiente ya se han olvidado de ti. Un amor efímero y pasajero. En fin.

El día después, vuelvo a estar de tranquis. Vamos dando una vuelta y vemos un grupo de españoles haciendo una visita guiada, GRATIS.airhopping-patreek-amsterdam

Nos unimos, y aprendemos. ¿Sabíais que los holandeses dicen a sus niños que si se portan mal les enviarán a España? Es porque los holandeses aprendieron de los españoles todas las maneras de torturar a gente en la antigüedad. España para los niños de Ámsterdam es un país de monstruos míticos de donde se han sacado todas las cosas horrorosas que ellos sepan.

Después, llamé al brasileño y al surfer australiano de la noche anterior. Nos vemos en su hostal, para tomar algo. El brasileño nos contaba, con mucha pena, que era su ultima noche. Y quería hacer locuras. Pero, primero, teníamos hambre.

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Sin mucho más para hacer, construimos una torre de cervezas.

 

Vamos a comer pizza por 5 euros. Todo el mundo también pide cervezas. Yo pido una Radler, que es cerveza con limonada. El camarero quedó alucinado. Cuando se recuperó, me explicó que no quería decir nada, pero que una Radler es para chicos que andan agitando sus manos y que se ríen en una manera muy aguda. “Señor, seguro que quiere una Radler?” Digo que sí.

Me sirvió una cerveza negra, en una pinta grande.

Y así termina nuestra primera parte del viaje. Nos toca coger un vuelo a Berlín. Y quién sabe si reencontrarme con mi “novia” inglesa. Os lo cuento todo dentro de muy poco tiempo. ¡Un placer!

Prateek.